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4.e) Que pasó despues de la victoria en la Batalla de Ituzaingó.
El Ejército Republicano no pudo continuar con su avance debido a la falta de recursos.
Como el "Ejército Republicano" se componía de caballería en su casi totalidad, y sus caballadas estaban en mal estado, el general
Carlos María de Alvear pidió caballos con premura a las autoridades de la Banda Oriental, y le manifestó al gobierno de Rivadavia que era indispensable quinientos hombres de infantería, cuando menos, para continuar la campaña en dirección a Río Grande. Pero no consiguió ni lo uno ni lo otro.
A ello debe agregarse la deserción de soldados, principalmente del litoral, quienes se apropiaron del ganado de Río Grande y se lo llevaron a sus respectivas provincias.
La escasez de pertrechos militares y de provisiones se originó en el temor de las provincias de que su colaboración con el gobierno de Buenos Aires pudiese derivar en acciones en su contra.
Las provincias habían rechazado la constitución unitaria de 1826 y los caudillos no acataban las disposiciones del Presidente y se negaban a enviar tropas de refuerzo.
El Gobernador de Córdoba, General
Juan Bautista Bustos, fué el primero en rebelarse contra el presidente Rivadavia y el Congreso de mayoria unitaria instalado en Buenos Aires.
En carta al brigadier
Estanislao Lopez, gobernador de Santa Fe, le dice:
Es preciso, compañero, que usted no se descuide porque el presidente está echando hombres comprados por todas partes para que nos hagan revolución ó para que nos quiten del medio...
El caso más destacado fue el de
Gregorio Aráoz de Lamadrid, enviado al interior del país a reunir tropas para el "Ejercito de Observación", pero las utilizó para derrocar al gobernador de la provincia de Tucumán
Javier López, llevando luego su acción militar fuera de esa provincia.
A) Bernardino Rivadavia, Presidente de la Provincias Unidas del Rio de la Plata, electo en febrero de 1826 por una maniobra de la bancada unitaria del Congreso reunido en Buenos Aires para redactar una constitución, B) Manuel José García, encargado argentino de negociar la paz con el Brasil, C) brigadier general Carlos María de Alvear, Comandante en Jefe del Ejercito Republicano
La permanencia en territorio brasilero del "Ejercito Republicano" era tanto más insostenible cuanto que el gobierno de Rivadavia, sin hacerse cargo de este nuevo plan de campaña, acababa de enviar a Río Janeiro una misión para negociar la paz. Las dificultades económicas y políticas internas hacían difícil sostener la guerra por más tiempo, en los hechos, solo la provincia de Buenos Aires contribuía al esfuerzo bélico, mientras sufría el perjuicio del bloqueo de su puerto.
Nota: Sobre Alvear no sólo existen dudas sobre su desempeño militar como del jefe del Ejército, ya que toda la oficialidad a su mando se expresó críticamente sobre su mala conducción e ineptitud en el campo de batalla de Ituzaingó, sino especialmente sobre sus intenciones políticas. Hay coincidencia en considerar como un grave error no haber efectuado una persecución inmediata para completar la victoria.
Alvear era un militar que había incursionado en política. Presidió la Asamblea del Año XIII, y entre enero y abril de 1815 fue nada menos que Director Supremo de las "Provincias Unidas del Río de la Plata". Su corto mandato fue suficiente para conocerlo: censuró los medios opositores, se enfrentó a las provincias y envió el 25 de enero de 1815, una carta al primer ministro británico Lord Castlereagh, ofreciendo a las Provincias Unidas como “protectorado” inglés, con el objetivo de evitar que las Provincias Unidas cayeran nuevamente en poder de los españoles, que se estaban reorganizando.
El Director Supremo Alvear eligio para llevar esa carta en misión diplomática a Manuel José García, a quien envió a Río de Janeiro a contactar al embajador británico en Brasil, Lord Strangford, a quien tambien le dirigió una carta. (texto). Lord Strangford habia llegado junto con la corte portuguesa trasladada a Brasil tras la invasión napoleónica, y permaneció como embajador hasta ese mismo año, 1815.
García se reunió con Strangford quien le aconsejó cambiar el texto de las cartas por otro más acorde con la nueva situación de alianza de Inglaterra con Fernando VII. Las cartas dirigidas por el Director Alvear a Lord Strangford no llegaron nunca a destino, dado que, Manuel García fue interceptado por Belgrano y Rivadavia, que retornaban de Europa y le hicieron desistir de cumplir con su misión, porque esta debilitaba la causa de la independencia y la soberanía.
Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia habían sido enviados a Europa en 1814 por el Director Supremo Gervasio Antonio de Posadas, y luego confirmados por su sucesor Carlos María de Alvear, para contar con una legación diplomática oficial de las Provincias Unidas, que buscaba el reconocimiento internacional de la independencia. La misión no logró reconocimiento formal, porque Inglaterra y otras potencias preferían mantener buenas relaciones con España tras la restauración de Fernando VII.
Manuel García reaparecerá en el escenario rioplatense en 1827, para realizar otra muy cuestioda intervencion diplomatica.
Recordemos: El
Congreso General Constituyente de 1824, reunido en Buenos Aires, intentó dar forma a un Estado nacional centralizado creando un Poder Ejecutivo Nacional y eligió el 7 de febrero de 1826, por una maniobra de la bancada unitaria, a
Bernardino Rivadavia como presidente, convirtiéndose en el primer presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. La facción unitaria, de la cual Rivadavia era una suerte de gurú, veia todo desde su parcialidad portuaria y mercantil, de fuertes lazos con Inglaterra.
Rivadavia incómodo con una guerra por una causa -
la de conservar la unidad territorial del viejo virreinato- que consideraba ya perdida, quería una paz a cualquier costo, máxime cuando se hallaba enfrentado con los gobernadores federales que rechazaban su política centralista.
El 16 de abril de 1827, Rivadavia nombra a Manuel José García, un anglófilo declarado, como plenipotenciario encargado de negociar la paz con el Imperio del Brasil aceptando las propuestas inglesas al respecto, las que se harían a través de
Lord John Ponsonby, embajador ingles ante las Provincias Unidas del Río de la Plata.
García diría despues que las únicas instrucciones que le dió Rivadavia fueron estas palabras:
"necesitarnos la paz con el Brasil a todo trance, a trueque de ver el país en manos del vandalaje".
Quien sacaría ventaja de la guerra sería precisamente Inglaterra, que para su política comercial en Sudamérica necesitaba sí o sí que la boca del estuario del Plata no estuviera en manos de un solo Estado, para que la navegacion por los rios interiores fuera libre.
Pero para eso era necesario que, en el desarrollo de la guerra, ninguna de las dos partes obtuviera una victoria contundente, lo que tornaría imposible llevar a la práctica la propuesta inglesa.
Justo poco antes de Ituzaingó, Guillermo Brown derrotó a la armada brasileña en las batallas de Quilmes (30 de julio de 1826) y de Juncal (9 de febrero de 1827) donde neutralizó parcialmente el bloqueo al puerto de Buenos Aires, pero la pequeña flota republicana había quedado destruida.
Montevideo y Colonia (las dos ciudades puerto mas importantes de la Banda Oriental) seguian en poder de los imperiales, dada la incapacidad de las fuerzas de tierra del ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata de capturalas.
El repliegue del Ejercito Republicano, no obstante el triunfo en Ituzaingó, permitió a Lord Ponsonby consumar su plan.
García llegó en mayo de 1827 a Río de Janeiro. Apenas iniciadas las gestiones, García se encontró con una gran intransigencia a renunciar a la Provincia Cisplatina. El Emperador había jurado ante el Senado brasileño continuar la guerra hasta obligar a las Provincias Unidas a aceptar su soberanía sobre la Cisplatina.
Tras reuniones infructuosas, las presiones del embajador británico en Brasil
Robert Gordon (cargo que ocupo entre 1826 y 1831) por terminar rápidamente con el conflicto para reanudar el comercio, la inflexible postura del gobierno brasileño y el crítico estado político-económico de las Provincias Unidas, llevaron a García a decidir por sí mismo la paz sobre otras bases.
Diria García justificando sus actos:
«...tenía instrucciones de firmar una convención solo sobre la base de la independencia de la provincia de Montevideo; pero, como él se hallaba convencido de que a este estado de independencia no podía llegarse por cierto tiempo, y que en realidad era de poca importancia para Buenos Aires el destino de la provincia, siempre que se le devolviera la tranquilidad, no hesitó en llegar a términos que, en otro sentido, estaban perfectamente de acuerdo con sus instrucciones.»
De modo que, dejando de lado sus instrucciones, firmó la
"Convención Preliminar de Paz de 1827" el 24 de mayo de 1827 que disponía, entre otras cosas:
«La República de las Provincias Unidas del Río de la Plata reconoce la independencia e integridad del Imperio del Brasil y renuncia a todos los derechos que podría pretender al territorio de la provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, la cual el Emperador se compromete a arreglar con sumo esmero, o mejor aun que otras provincias del Imperio. El emperador del Brasil reconoce igualmente la independencia e integridad de la República de la Provincias Unidas del Río de la Plata, y dado que la República de las Provincias Unidas ha empleado corsarios, halla justo y honorable pagar el valor de las presas por haber cometido actos de piratería».
Robert Gordon, embajador ingles en Rio de Janeiro, en carta a su par en Buenos Aires, Lord Ponsonby escribió informando de la firma de la convención, dice:
«Al Brasil se lo deja que luche con la disensión y la revuelta, que seguirán dominando en la Provincia Cisplatina... El Emperador pronto se convencerá del desacierto de no proclamar, franca e inmediatamente, la independencia de la provincia.»
A su regreso a Buenos Aires, el 20 de junio, García presentó la "Convención Preliminar de Paz" al Presidente y al Congreso. La opinión pública en Buenos Aires reaccionó indignada, se publicaron artículos muy violentos contra el gobierno en los periódicos, y la ciudad se cubrió de panfletos ofensivos contra García, Rivadavia y Ponsonby. De modo que Rivadavia, a quien se suponía partidario de aceptar el acuerdo, se presentó ante el Congreso con un virulento discurso exigiendo su rechazo.
La Convención Preliminar de Paz fue rechazada, el 25 de junio de 1825, tanto por el por el presidente Rivadavia cuanto por el Congreso.
Pero Rivadavia no logró salvar su gobierno: la opinión pública no le perdonaba su actuación, y simultáneamente se denunciaban en la prensa su participación en negociados mineros en Famatina. El día 26 de junio, Rivadavia presentó su renuncia irrevocable a la presidencia.
Nota: Los negociados mineros en Famatina durante el gobierno de Bernardino Rivadavia estuvieron vinculados a la explotación de las minas de oro en La Rioja. En 1823, Rivadavia promovió la creación de la "River Plate Mining Association"" en Londres, con el objetivo de atraer inversión extranjera para la explotación de los yacimientos. Sin embargo, esto generó conflictos con Facundo Quiroga, quien defendía el control provincial sobre las minas. Los unitarios nacionalizaban los recursos de las provincias pero no hacian lo mismo con las rentas aduaneras del puerto de Buenos Aires
Se acuñaron monedas con el oro de Famatina entre 1820 y 1823 (ver), Quiroga promovía el funcionamiento de una “Casa de la Moneda” autónoma en la Rioja, que de hecho comenzó a funcionar primero en Chilecito y luego en La Rioja capital. (ver).
El 6 de febrero de 1824, Rivadavia, como Ministro de Martin Rodriguez, logra que se apruebe una la Ley que declara propiedad nacional las tierras públicas y demás bienes inmuebles, quitándole de esa forma a La Rioja el poder sobre Famatina. A consecuencia de ello, la Casa de Moneda de La Rioja cerró, Quiroga rompió sus relaciones con el gobierno de Buenos Aires y Rivadavia, ya como Presidente de las Provincias Unidas, tuvo piedra libre para seguir con su proyecto, integrando el Directorio de la "River Plate Mining Association", con un sueldo 1.200 libras anuales y un paquete de acciones.
Pero todo se vino abajo, cuando mineros especializados comprobaron que las grandes riquezas que guardaba Famatina, no eran tales. La “River Plate Mining Association” quebró, y Rivadavia quedó expuesto ante la opinión pública, contribuyendo a su caída.
Fuente: El oro de famatina -1826
Tras la caída de Rivadavia fue suprimida la Presidencia de la Nación y clausurado el Congreso Nacional.
La provincia de Buenos Aires reasumió su autonomía y para gobernarla fue elegido el líder de la oposición y miembro del partido federal porteño,
Manuel Dorrego, que asumió el 13 de agosto de 1827. Desde el principio, éste declaró que estaba dispuesto a continuar la guerra contra el Imperio del Brasil.
En julio de 1827, Carlos María de Alvear traspasó interinamente el mando del Ejército Republicano al general José María Paz. Poco después, el gobierno de Manuel Dorrego nombró a
Juan Antonio Lavalleja como Comandante en Jefe. La conducción política y el sostén logístico del ejército dependían ahora del gobierno de Dorrego en Buenos Aires
Viéndose apoyado por Dorrego, Lavalleja el 12 de octubre de 1827 disolvió la Sala de Representantes de la Provincia Oriental y asumió el gobierno en Durazno. Este acto fue interpretado por algunos como un golpe de Estado, mientras que otros lo vieron como una medida para reafirmar la autonomía provincial frente a una legislatura que había aprobado la Constitución rivadaviana, de corte centralista.
Pese a la intención de Dorrego de enviar recursos al "Ejército Republicano", que había combatido en Ituzaingó, y que seguía desplegado en la Banda Oriental contra el Imperio del Brasil, no tenia con que, y los sueldos impagos se acumulaban.
De modo que Dorrego prefirió apoyarse en milicias, más económicas, ya que se sostenían en la misma campaña y prácticamente no exigían sueldos. Apoyó entonces el proyecto del gobernador de la provincia de Santa Fe,
Estanislao López, de invadir las Misiones Orientales. El plan fue muy exitoso en lo militar, pero como quien lo llevó adelante fue
Fructuoso Rivera, enemigo personal de Lavalleja, razon por la cual alianza de este con Dorrego se debilitó.
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La invasión de las Misiones Orientales por Fructuoso Rivera, con el apoyo de Estanislao López, ocurrió en 1828, durante la fase final de la Guerra del Brasil. Rivera, al mando de unos 500 hombres, cruzó el río Ibicuí el 21 de abril, derrotando a las fuerzas brasileñas y ocupando los siete pueblos misioneros.
López, gobernador de Santa Fe, organizó una ofensiva paralela con tropas de Entre Ríos y Corrientes, pero Rivera no acató su mando, lo que generó tensiones. A pesar de la victoria, el tratado de paz entre Las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil obligó a evacuar el territorio, y muchos guaraníes siguieron con Rivera.
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El embajador ingles
Lord Ponsonby a través de su amigo
Pedro Trápani, convenció a Lavalleja de que el único resultado posible era la independencia nacional de la Banda Oriental.
Lord Ponsonby también presionó económicamente a Dorrego: faltándole los ingresos de la aduana, la única otra fuente de financiación disponible para el gobierno eran los préstamos del Banco Nacional; a pesar de su nombre, este era un banco privado, cuyo directorio estaba formado casi exclusivamente por comerciantes británicos. Ponsonby pidió a estos comerciantes
«no facilitarle crédito sino por pequeñas sumas para pagos mensuales» a fin de
«hacerlo trabajar para la paz»
Un último recurso intentado por Dorrego: Apoyar la creación de la "República de San Pedro del Río Grande", hechos que son conocidas en Brasil como
la Revuelta de los Mercenarios, de junio de 1828.
Nota: Las consecuencias de la fracasada "Convención Preliminar de Paz de 1827" firmada por García son objeto de controversia: ciertos autores creen que el antecedente de un acuerdo de estas características, aún después de rechazado, condicionó fuertemente el accionar del gobernador Manuel Dorrego para la firma de la "Convención Preliminar de Paz" el "28 de agosto de 1828", por la que se disponía la independencia de la Banda Oriental (Provincia Cisplatina).
Otros autores, en cambio, afirman que mal puede atribuírsele a esta convención ni a García responsabilidad con los términos del tratado final firmado por Juan Ramón Balcarce y Tomás Guido, cuando —al no haber sido ratificada por el Congreso— la Convención Preliminar no vinculó en forma alguna al Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
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4.d) Convención Preliminar de Paz (1828).
Origen a la actual República Oriental del Uruguay.
Portada "Convención Preliminar de Paz (1828) Imprenta del Estado - Bs.As. ( ver completo )
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El 27 de agosto de 1828, se firmó en Río de Janeiro, la "Convención Preliminar de Paz de 1828)" dando por finalizado el conflicto armado entre Las Provincias Unidas del Rio de la Plata y el Imperio del Brasil.
En el mismo se establecía:
- en el Sur de la Banda Oriental la creación de un estado independiente, dando origen a la actual República Oriental del Uruguay.
- mientras que el Norte de la Banda Oriental, se transformaría en dos estados brasileños: Río Grande y Santa Catarina.
El tratado fue negociado por los británicos, que actuaron como mediadores.
Posteriormente, la influencia británica se reflejó en el desarrollo económico del Uruguay en sus primeras décadas como nación independiente, donde desempeñó un papel clave en la inversión en infraestructura, el comercio y la banca.
La inversión británica se concentró en la construcción de ferrocarriles, telégrafos, tranvías y servicios de agua y gas, lo que modernizó el país y facilitó el comercio.
Ademas, empresarios británicos adquirieron tierras en el litoral uruguayo, lo que fortaleció la exportación de carne y lana hacia Europa.
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Falto de opciones, Manuel Dorrego utilizó la única carta en su favor que le quedaba: la
invasión de Rivera a las Misiones Orientales podía ser utilizada como moneda de cambio para una negociación exitosa.
Dorrego envió a Río de Janeiro a dos diplomáticos, al general
Tomás Guido y su Ministro de Guerra el general
Juan Ramón Balcarce , con la propuesta:
de reconocer una independencia temporaria de la Banda Oriental durante cinco o diez años, tras los cuales sus habitantes decidirían si querían seguir siendo independientes, o incorporarse a las Provincias Unidas o al Brasil. No obstante, antes de partir, Dorrego terminó por ceder a la realidad de su situación: les dio instrucciones de negociar la independencia absoluta de la Banda Oriental.
Entre el 11 y el 27 de agosto de 1828, los generales argentinos negociaron con los ministros del Emperador Pedro I del Brasil, llegando en esa última fecha a convenir en la llamada "
Convención Preliminar de Paz de 1828".
Por la misma:
se reconocía la independencia absoluta de la «Provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina»; se detallaba el proceso de elecciones del nuevo Gobierno Provisorio de la misma y de la sanción de una Constitución; los dos estados beligerantes garantizaban la independencia del nuevo estado y su paz interior; la paz entre los dos países, la retirada de las tropas argentinas y brasileñas del territorio y el intercambio de prisioneros; el final del bloqueo y el cese de la guerra de corso.
Por un artículo adicional, agregado a último momento, se convenía que:
«Ambas Altas Partes contratantes se comprometen a emplear los medios que estén a su alcance a fin de que la navegación del Río de la Plata y de todos los otros que desaguan en él, se conserve libre para el uso de los súbditos de una y otra nación por el término de quince años, en la forma que se ajustare en el Tratado definitivo de paz.»
Las ratificaciones por el Senado y el Emperador por un lado, y por la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires y el gobernador Dorrego por el otro, fueron intercambiadas en Montevideo en el mes de octubre. Nunca hubo un Tratado de paz definitivo, debido a la caída de Dorrego y la guerra civil subsiguiente.
Implícitamente,
la Convención disponía la retirada de Rivera de las Misiones Orientales, que seguirían perteneciendo al Brasil. El tratado adolecía de varias falencias evidentes:
sobre todo en que no fijaba los límites del nuevo estado; esta indefinición sería aprovechada por el Brasil para imponer los límites que le convinieron.
Las tropas argentinas regresaron a Buenos Aires en dos grupos, en noviembre y diciembre de 1828, bajo el mando de los Generales de Brigada
Juan Galo Lavalle y
José María Paz. Ambos eran coroneles en febrero de 1827 y fueron ascendidos a generales tras la victoria de Ituzaingó, y su prestigio militar los convirtió en protagonistas inmediatos de la crisis política que siguió a la guerra con Brasil.
Fuentes:
1) Ituzaingó: la victoria argentino-oriental desaprovechada por Rivadavia para concluir la guerra con Brasil . www.infobae.com - por Pablo Yurman
2) La guerra contra Brasil. www.todo-argentina.net