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4.d.II) El enfrentamiento naval en la Guerra Cisplatina. Combates.

. La guerra con el Brasil se distinguió por la desigualdad de fuerzas entre la flota brasilera y la argentina. Al carecer Argentina de una marina de guerra estable, debió acudir a estos buques mercantes, artillados para poder combatir.

Durante la contienda, la escuadra argentina consiguió mantener las líneas de comunicación y abastecimiento con el ejército en operaciones, en ocasiones neutralizó el bloqueo naval y se enfrentó a la escuadra del Imperio del Brasil durante toda la guerra.

Ante la Escuadra Imperial, la de la Provincias Unidas no sólo era muy inferior en medios, sino también en maniobras conjuntas, dado que había sido recientemente formada.

La Escuadra Imperial dominaba casi la totalidad de la costa septentrional del Río de la Plata, siendo sus principales asentamientos Montevideo y Colonia. El primero era apostadero para fondeadero y sostén logístico del núcleo más importante de la flota brasileña, mientras que el segundo servía de apoyo a la flotilla brasileña que operaba en el río Uruguay, y a los corsarios que jaqueaban el comercio fluvial.

En este contexto, el esquema estratégico naval fue relativamente sencillo, y aspiró a impedir que el bloqueo del puerto de Buenos Aires se consolidara, hostigando los movimientos de la escuadra brasileña con persistentes acciones ofensivas que desgastaran al adversario, y asegurar las comunicaciones navales para apoyar las operaciones del Ejército Republicano en la Banda Oriental.

Debido a la escasez de medios, el corso bajo bandera de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, hostigando el comercio brasileño, fue el medio más efectivo de llevar la guerra en el mar.

Acciones navales: .

• Combate de Punta Colares, 9 de febrero de 1826.
Combate de Punta Colares. Óleo de José Murature.

En la madrugada del 9 de febrero de 1826, la escuadra argentina zarpó del puerto de Buenos Aires e hizo su primer intento de romper el bloqueo. Los brasileros la avistó y comenzaron complejas maniobras condicionadas por los cambios de viento. Hacia primeras horas de la tarde las dos líneas se aproximaron y comenzó un intenso duelo de artillería. La 25 de Mayo sostuvo gran parte del combate contra las corbetas brasileñas.

Tras varias horas de maniobras y cañoneo, Brown decidió retirarse hacia aguas más seguras sin que ninguna de las dos escuadras perdiera algun barco, pero dio experiencia de combate a sus tripulaciones.

Brown se mostró muy disgustado porque varios de sus comandantes no cerraron suficientemente la distancia con el enemigo ni apoyaron con decisión a su buque insignia. Después de la acción solicitó el relevo de varios oficiales, acusándolos de haber evitado entrar plenamente en combate. .

• Ataque a Colonia del Sacramento, entre el 26 de febrero y mediados de marzo de 1826. Fue la primera gran operación ofensiva de Guillermo Brown contra una posición brasileña durante la Guerra del Brasil, y terminó en un fracaso argentino.

Colonia era una base naval de enorme valor estratégico, que estaba en manos brasileñas y servía de apoyo al bloqueo de Buenos Aires. Estaba defendida por unos 1.500 soldados, fortificaciones y varios buques de guerra.

Detalle de un Mapa de Colonia del Sacramento de 1777

Brown zarpó con la Fragata 25 de Mayo, los Bergantines Congreso, República Argentina, Gral Belgrano y Gral Balcarce, la Goleta Sarandí y varias cañoneras, con la idea de coordinar un ataque naval, con un desembarco con apoyo de fuerzas orientales que hostigaban la ciudad desde tierra.

Los argentinos lograron acercarse, pero no pudieron romper las defensas de la plaza. El episodio más dramático ocurrió cuando el bergantín General Belgrano se fue sobre la restinga de piedras del islote de San Gabriel y varó al alcance de los cañones del fuerte siendo hundido. Las cañoneras argentinas también padecieron fuertes pérdidas.

Brown debió retirarse, sin embargo, la campaña dio experiencia de combate a las tripulaciones argentinas.
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• Asalto a la fragata brasileña "Nichteroy", de 42 cañones, el 11 de abril de 1826. Fue una operación naval argentina frente a Montevideo contra la fragata (construida como buque británico, adquirida por Portugal, luego convertida en buque insignia del Imperio del Brasil), intentando capturarla o hundirla mientras se encontraba aislada, pero fracasó. .

• Asalto a la fragata brasileña “Emperatriz”, de 52 cañones, entre la noche del 27 y la madrugada del 28 de abril de 1826. Fue una de las acciones más audaces de Guillermo Brown durante la Guerra del Brasil. El objetivo era capturar por abordaje una gran fragata brasileña fondeada en el puerto de Montevideo, bajo la protección de baterías costeras y otras naves imperiales.

"A fragata da Marinha Imperial Brasileira 'Imperatriz' repelindo ataque Argentino na Guerra da Cisplatina" de Eduardo de Martino. Museo Histórico Nac.de Brasil

La idea era acercarse sigilosamente de noche, abordar la fragata, cortar sus amarras, desplegar sus velas y llevarla fuera del puerto antes de que pudiera reaccionar el resto de la flota brasileña. Las partidas de abordaje iban armadas con pistolas, machetes y hachas, y usaban camisas blancas sobre el uniforme para reconocerse en la oscuridad.

Al entrar en la bahía de Montevideo, Brown descubrió que allí también estaba fondeada la escuadra bloqueadora de José Rodrigo Ferreira Lobo, que se había refugiado en el puerto tras un temporal. Esto hacía la operación mucho más peligrosa de lo previsto.

El plan era en extremo audaz , debía asegurar la sorpresa y una aproximación segura y coordinada en un fondeadero poco conocido, en noche cerrada, sin información de la disposición de las naves enemigas, e igual de importante, de las neutrales.

La escuadrilla consiguió aproximarse sin ser detectada, pero cuando la sorpresa se perdido, la 25 de Mayo rebasó por babor la proa de la Emperatriz, viró a estribor y atravesándose por una de sus aletas, disparó sobre ella su andanada, rompiendo a la vez fuego de fusilería.

La Emperatriz pudo sin embargo recibir a sus atacantes con una descarga cerrada de sus cañones de a 18 en cubierta y de mosquetería. Brown mantuvo a la 25 de Mayo por la aleta de babor y la de estribor, en los sectores de popa, de manera que el enemigo no pudiese abrir fuego con toda la artillería de su banda, disparándole a su vez sobre el espejo de popa, punto débil de los buques de la época. Mientras tanto, el Independencia de Bathurst cañoneaba por proa.

Brown se decidió finalmente a abordar pero se interpuso el Independencia, lo que obligó a la 25 de Mayo a separarse. Advirtiendo que el resto de la flota imperial acudía ya a ayudar a la Imperatriz, Brown decidió suspender la acción poniendo rumbo al banco Ortiz. El cañoneo duró una hora y cuarto aproximadamente.

La fragata Emperatriz sufrió grandes daños, especialmente en su popa y arboladura, y en el combate murió el comandante brasileño capitán de fragata Luis Barroso Pereira y 53 de sus hombres. Por otra parte el bergantín Independencia de la escuadra republicana también resultó muy averiado.

El almirante Lobo, jefe de la división naval brasileña en Colonia no atacó a Brown y le permitió retirarse sin combate, lo que provocó luego su relevo. .

• Combate Naval del Banco de Ortiz (o de los Buques Varados), del 2 de mayo de 1826.
Detalle en la "Carta esférica del Río de la Plata" de Oyarvide, corregida por practico del rio Benito Aizpurua, dibujada en Montevideo, y grabada en Filadelfia en 1826.

Tras los ataques a las fragatas Nictheroy y Emperatriz, Brown continuó navegando frente a Maldonado en procura de interceptar buques que del Brasil se dirigieran a Montevideo, cuando el 2 de mayo de 1826 intentó sorprender en el puerto de Montevideo a la flota brasileña creyéndola ausente, pero al comprobar su error se inició una persecución que derivó en el combate del Banco de Ortiz.

En ese enfrentamiento, la varadura de los buques insignia "25 de Mayo" y "Nictheroy" por la calma y la marea baja obligó a un intercambio de fuego con pocos cañones. Finalmente, la Nictheroy logró zafar, reunió a los otros barcos de la escuadra y volvio a Montevideo, mientras la 25 de Mayo desencalló a la mañana siguiente, sin haber recibido avería de consideración, regresando luego a Buenos Aires. .

• Acción de Balizas Exteriores, del 25 de mayo de 1826.
El 24 de mayo, Brown tenía su escuadra en las Balizas Exteriores y sospechaba que los brasileños intentarían aprovechar los festejos patrios del día siguiente. Por eso prohibió a oficiales y tripulantes bajar a tierra.

El 25 de mayo, a la una de la tarde, la flota imperial se presentó frente a Buenos Aires avanzando "a toda vela". Cuando los argentinos zarparon para enfrentarlos, a apesar de la inmensa superioridad de sus contrarios, los brasileños vacilaron pero terminaron aceptando el combate a las tres de la tarde, y después de una acción que duró más de una hora, se retiraron. Brown los persiguió hasta las ocho de la noche.

En esta acción los argentinos tuvieron un piloto y seis marineros muertos, y siete heridos.

Para Brown, este Combate fue uno de sus éxitos más notables, pues celebró el aniversario de la Revolución de Mayo con una victoria naval frente a Buenos Aires. .

• Combate Naval de Los Pozos, del 11 de junio de 1826.
31 naves brasileras intentaron destruir la escuadra de Brown, compuesta por 4 barcos mayores y 6 cañoneras. Brown dispuso sus buques en una línea defensiva próxima a la costa para aprovechar los bajos y aguas poco profundas, rodeado de bancos de arena, donde las naves brasileñas de mayor porte tendrían dificultades para maniobrar.

Brown comprendió mejor que sus adversarios el valor militar de los bancos frente a Buenos Aires. Los brasileños conocían la zona, pero tendían a verla como un obstáculo a la navegación; Brown la convirtió en parte de su sistema defensivo. Esa fue una de las claves de Los Pozos.

1ra fase del combate: Se ve la línea de buques argentinos fondeados y acoderados (en náutica significa que las embarcaciones están sujetas con cabos de modo que quedan orientadas en una posición determinada), en primer plano, cañoneándose con los brasileños que se ven en segundo plano. Óleo de José Murature.

2da fase del combate: Los buques brasileños alejándose del centro de la acción. Los buques argentinos ya no aparecen formando una línea defensiva, y algunas embarcaciones argentinas avanzan hacia los imperiales, sugiriendo una fase de persecución. Óleo de José Murature. Museo Naval de la Nación (Tigre)
El Comodoro de Marina José Félix Murature participó personalmente en esa guerra bajo las órdenes de Brown, por lo que sus pinturas navales poseen un gran valor testimonial, aunque fueron realizadas décadas después de los acontecimientos. Al incorporarse a la escuadra de Guillermo Brown en enero de 1826, fue destinado al mando de un pequeño barco explorador que suministraba información sobre los movimientos de la flota brasileña.

Recreación de la driza de señales formada por las banderas náuticas del código de Brown formando la frase «Es preferible irse a pique que rendir el pabellón».

Desde las barrancas del río, el combate fue presenciado por la población de la ciudad de Buenos Aires, dada la cercania del fondeadero de Los Pozos (actual Dársena Norte).

A las dos de la tarde comenzó el combate, y desde la nave capitana una orden atravesó la historia: “Fuego rasante que el pueblo nos contempla”.

Poco antes de la caída del sol, cuando resultó evidente que la escuadra republicana no sería destruida y que aproximarse era peligroso, el almirante brasileño ordenó alejarse.

Desde el punto de vista táctico no perdieron la batalla, pero estratégicamente Brown consiguió demostrar que la Armada Imperial no podía actuar impunemente frente a la ciudad.
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• Combate de Quilmes, del 29 al 30 de julio de 1826, donde luego de una lucha encarnizada, por temor a quedar varados por la bajante, las naves brasileñas se retiraron.
Combate de Quilmes. Acuarela. E. Biggeri. Museo Naval de la Nación.

Tras el combate de Los Pozos, del 11 de junio de 1826, la escuadra de Guillermo Brown permaneció en su fondeadero habitual frente a Buenos Aires, en la zona conocida como Los Pozos. Sin embargo, la flota no permaneció inactiva. Durante las semanas siguientes se dedicó a vigilar los movimientos de la escuadra imperial brasileña, reparar las averías sufridas y, sobre todo, proteger el tráfico marítimo entre Buenos Aires y la Banda Oriental, asegurando el paso de tropas, armamentos y suministros necesarios para sostener la campaña terrestre.

La estrategia de Brown consistía en evitar un combate decisivo en condiciones desfavorables, aprovechando los canales y bajos fondos del Río de la Plata para compensar la superioridad naval del enemigo.

Esta situación se mantuvo hasta fines de julio, cuando un importante convoy patriota que regresaba de la Banda Oriental fue amenazado por la escuadra brasileña. Brown abandonó entonces su fondeadero y salió a su encuentro, dando origen al Combate de Quilmes de los días 29 y 30 de julio de 1826.

En la mañana del 29 de julio de 1826, la escuadra brasileña volvió a hacerse ver desde la capital porteña. El capitán Norton buscaba provocar y desafiar a la escuadra de Brown para forzarla a abandonar su fondeadero e incitarla a combatir, luego de más de un mes de inactividad para ambas fuerzas navales. La escuadra imperial se componía de 20 buques: fragata “Nichteroy” (insignia de Norton); corbetas “Liberal”, “María da Gloria”, “Maceió” e “Itaparica”; bergantines “Caboclo”, “Pirajá”, “29 de Agosto” e “Independencia o Muerte”; goletas “Real Joao”, “Leal Paulistana”, “Doña Paula”, “Concepción”, “9 de Enero”, “12 de Octubre” y “7 de Marzo” y cuatro cañoneras. Sumaba 2000 hombres y 300 cañones. En su fondeadero cercano a las costas de Quilmes, adoptó una formación de línea de fila en espera de los acontecimientos.

El capitán de navío James Norton era un jefe prestigioso y experimentado, nacido en el Reino Unido. Fue oficial de la Royal Navy y capitán mercante de la Compañía Británica de las Indias Orientales. En 1823 se incorporó a la Marina del Imperio del Brasil y luchó contra los portugueses para afianzar la independencia brasileña. Intervino activamente en la guerra contra nuestro país.

Alertado por la aparición de la fuerza naval brasileña, Guillermo Brown alistó de inmediato su escuadra formada por la fragata 25 de Mayo, barco insignia al mando del joven Tomás Espora, de 25 años; la barca Congreso, comandada por el irlandés Gerardo Fisher, 20 años; los bergantines República, mandado por Clark; Independencia con el capitán británico Guillermo Bathurst a su frente, de 30 años; el Balcarce, con el griego de 40 años Nicolás Jorge como su capitán; las goletas Sarandí, al mando del porteño José María Pinedo, quien estaba cumpliendo los 31 años; el Río de la Plata, con Leonardo Rosales, de 37 años y Pepa, barco hospital al mando del italiano Víctor Dandreys. Completaban la flota ocho balandras cañoneras. Después se incorporaría el buque corsario Oriental Argentino, dirigido por el capitán francés Pedro Dautant, de 36 años.

El 29 de julio Brown, con sus comandantes y oficiales, planificó a bordo de la fragata “25 de Mayo” una audaz operación a realizar ese mismo día. El plan consistía en atacar de noche por sorpresa a la escuadra brasileña; romper su formación cortando su vanguardia para aislarla de los buques de retaguardia, y provocar confusión general entre las naves imperiales.

Hacia las 22.00 hs. la escuadra patriota, encabezada por la fragata “25 de Mayo” con Brown a bordo, navegando en línea de fila, recorrió la formación brasileña, intercambiando ambas formaciones un fuerte cañoneo. A 22.30 hs. la “25 de Mayo” se abrió paso a cañonazos entre los buques brasileños y cortó y atravesó la línea enemiga, acompañada solamente por la pequeña goleta “Río de la Plata” del capitán Leonardo Rosales, pues algunos buques quedaron atrasados por ser demasiado lentos y otros se alejaron por falta de confianza de sus comandantes.

La fragata “25 de Mayo” y la goleta “Río de la Plata” quedaron solas y aisladas, rodeadas por la fragata “Nichteroy” y las demás naves, en un duelo desigual, con intenso fuego de artillería y metralla.

Hacia las 23.30 hs. Brown pudo salir de aquel cerco de fuego y poner a salvo a la fragata “25 de Mayo” y a la goleta “Río de la Plata”, que finalmente lograron reunirse al resto de la escuadra, luego de haber provocado desorden y confusión en la formación de su poderoso adversario.

Norton comprendió que no era prudente perseguir al enemigo, pues con la oscuridad de la noche era fácil la confusión y difícil reconocer con precisión a los buques enemigos.

Luego del enfrentamiento del 29 de julio, Brown manifestó su descontento a los comandantes que no lo acompañaron, dio nuevas instrucciones y se preparó para renovar el combate en la mañana del día siguiente.

Artillería de la fragata 25 de Mayo. Museo Naval de la Nación.

Leonardo Rosales y Tomás Espora, dos jovenes oficiales que se destacaron en este combate.

Brown aplicaria prácticamente el mismo plan que el día anterior, aunque para su nuevo ataque apuntaría esta vez a romper la retaguardia de la línea brasileña. El enfrentamiento se iba a producir frente a las costas de Quilmes.

Antes de iniciar la operación, Brown transmitió a su escuadra una de sus famosas arengas: “Es preferible irse a pique que rendir el pabellón”.

Al amanecer del 30 de julio de 1826, la escuadra de Brown atacó a la poderosa fuerza naval imperial. Como sucedió en la jornada anterior, la fragata “25 de Mayo” solamente estuvo acompañada y respaldada por la pequeña goleta “Río de la Plata” del capitán Leonardo Rosales, la cual poseía apenas un sólo cañón. Algunos buques se retiraron hacia Punta Lara por vacilación de sus comandantes, en tanto otros quedaron aislados por ser muy lentos y regresaron a Los Pozos.

La “25 de Mayo” y la “Río de la Plata” rompieron la retaguardia brasileña, atravesaron su línea y quedaron rodeadas por toda la escuadra imperial. Durante tres horas consecutivas, ambos buques fueron sometidos a un permanente y tremendo fuego artillero que provocó numerosas bajas y grandes destrozos, especialmente en la fragata de Brown, contra la cual se concentraron los disparos del enemigo.

Estos dos buques lucharon y resistieron contra unas 23 naves imperiales. Los brasileños evitaron tomar al abordaje a la “25 de Mayo” porque temían que Brown la hiciera explotar para que no cayera en poder del enemigo.

Durante el combate, algunos buques imperiales tuvieron dificultades por su excesivo calado, el riesgo de encallar, su escasa velocidad y deficiencias en la maniobra.

La fragata “25 de Mayo” quedó con la proa devastada y la popa destruida, además de tener averiado su timón, desmontada prácticamente toda su artillería, derrumbada buena parte de su arboladura y destrozado el velamen. Los muertos y heridos a bordo eran numerosos. La “25 de Mayo” apenas flotaba y su fin era inminente.

Hacia las 9.30 hs., los demás buques de la escuadra patriota se presentaron en el combate para auxiliar a la “25 de Mayo”. Hacia las 10.30 hs., Brown traslado su insignia al bergantín “República”, lo que hizo en un maltrecho bote en medio del fuego enemigo.

A bordo de la “25 de Mayo”, quedaba Tomás Espora, malherido, dando órdenes desde una improvisada camilla en la cubierta principal a los pocos tripulantes en condiciones de combatir. Apoyada por el bergantín “República”, por la goleta “Sarandí” y por ocho cañoneras, la castigada fragata es remolcada por dos cañoneras y retirada lentamente rumbo al fondeadero de Los Pozos. Durante esa maniobra, la goleta “Río de la Plata” se cañoneó duramente con las naves imperiales.

Poco después de las 13.00 hs. tronó el último cañonazo. Como la fuerza naval brasileña estaba escasa de municiones, no poseía buenos prácticos y podía encallar por la inminente bajante de las aguas, el capitán Norton se retiró del lugar de tan tremendo enfrentamiento: en su retirada, la fragata “Nichteroy”, la corbeta “Itaparica” y el bergantín “Caboclo” presentaban sendas averías en su arboladura.

Nuestra escuadra fondeó finalmente en Los Pozos en la tarde de aquel 30 de julio de 1826. La fragata “25 de Mayo” quedó tan destrozada que fue imposible repararla, por lo que quedó fondeada en Los Pozos hasta fines de 1827, cuando se hundió a causa de fuertes bajantes de las aguas y de violentos temporales.

En 1933, una draga del Ministerio de Obras Públicas que realizaba trabajos en Puerto Nuevo extrajo del fondo del río maderas, balas, cañones, anclas, cadenas y clavos que se comprobó pertenecían a la gloriosa fragata “25 de Mayo”; dichas reliquias se conservan hoy en el Museo Naval de la Nación, ubicado en Tigre.

Detalle en la "Carta esférica del Río de la Plata de Oyarvide, corregida por practico del rio Benito Aizpurua, dibujada en Montevideo, y grabada en Filadelfia en 1826.
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• Combate Naval de Juncal, entre el 8 y 9 de febrero de 1827. Fue una de las grandes victorias navales argentinas dado que neutralizó el bloqueo al puerto de Buenos Aires.
Combate Naval de Juncal. Óleo de José Murature. Museo Naval de la Nación (Tigre)

Tras la batalla de Quilmes la situación material de la escuadra era delicada, por lo que Brown debió actuar con cautela durante varios meses.

Se continuó sosteniendo la defensa de Buenos Aires desde el fondeadero de Los Pozos porque los grandes buques imperiales no podían acercarse con seguridad por los bajos del río, realizando salidas para escoltar convoyes y mantener las comunicaciones con la Banda Oriental.

La larga inactividad de la flota argentina incitó a la escuadra enemiga a tomar la iniciativa, y el 30 de diciembre de 1826 ingreso al río Uruguay, para cortar las comunicaciones entre la provincia de Entre Ríos y el ejército del general Alvear en operaciones en la Banda Oriental.

Durante la campaña de 1826-1827, la marina imperial operaba en varias divisiones: una bloqueaba Buenos Aires, otra vigilaba la costa de la Banda Oriental y la tercera penetró en el río Uruguay al mando de Jacinto Roque de Sena Pereira, para aislar al ejército republicano.

Brown comprendió que una división brasileña aislada dentro del río Uruguay era vulnerable, y el 26 de diciembre de 1826 sale de Buenos Aires hacia el Uruguay, enarbolando su insignia en la Goleta Sarandí. La doctrina naval brasileña se basaba en su superioridad numérica general; Brown explotó precisamente la separación entre sus escuadras. Mientras la escuadra brasilera se internaba en el rio Uruguay, se adelantó, aseguró y artilló la Isla Martín García, y luego se posicionó para interceptarla y obligarla a combatir lejos del apoyo de las demás fuerzas imperiales.

A comienzos de 1827, la isla de Martín García estaba bajo control de las Provincias Unidas, tras haber sido abandonada por la guarnición brasileña cuando Brown atacó Colonia del Sacramento en febrero-marzo de 1826, para reforzar la defensa de Colonia y concentrar fuerzas. La retirada fue tan apresurada que dejaron artillería pesada y materiales de fortificación.

Brown encontró útil ese material abandonado. El 6 de enero llegó a Martín García, desembarcó tropas y comenzó a fortificar la isla bajo la dirección de Tomás Espora. También recuperó dos cañones de a 24 que los brasileños habían dejado inutilizados ("desclavados").

La verdadera jugada de Brown no fue convertir la isla en una gran fortaleza, sino impedir que los brasileños la usaran como base.

A continuación se instaló en la desembocadura del río Uruguay, en la isla Juncal, desembarcando parte de sus hombres en Punta Gorda, en espera del regreso de la escuadra enemiga, que había remontado el río Uruguay hasta las cercanías del arroyo de la China (actual Concepción del Uruguay).

Detalle en la "Carta Geographica que Comprende los Rios de la Plata, Paraná, Uruguay y Grande y Los Terrenos Adyacentes", de G. & J. Cary, publicada en 1827.(completa)

Detalle sobre imagen satelital de 2024. Se aprecia el corrimiento de la desembocadura del rio Uruguay.

El enfrentamiento se produjo el 8 de febrero, dándose inicio a la Batalla de Juncal, y el combate naval de mayor importancia de la guerra.

Tras dos días de combate, de los 17 buques que habían ingresado en el río Uruguay, tres fueron destruidos, doce capturados y solo dos lograron escapar. El propio comandante Jacinto Roque de Sena Pereira se rindió. No obstante, la batalla no cambió la relación de fuerzas, que siguió siendo favorable al Brasil.

La escuadra argentina contaba con quince buques, entre ellos tres buques mayores: la Goleta Sarandí, nave insignia, al mando directo de Brown, la Goleta Maldonado al mando del joven Francisco Drummond -prometido de la hija de su comandante- y el Bergantín Balcarce, con catorce cañones de a seis y ocho, al mando del capitán Francisco José Seguí. Completaban la escuadra las goletas Pepa (al mando de Calixto Silva), Guanaco (Guillermo Enrique Granville), Unión (Malcolm Shannon), la sumaca Uruguay (Guillermo Mason) y ocho cañoneras. En total, 69 cañones y una dotación de unos 750 hombres.

La escuadra brasileña contaba con 17 naves (1 bergantín, 11 goletas y 5 cañoneras), en total, unos 65 cañones aproximadamente y una dotación de unos 750 hombres. Por primera y única vez en la guerra, existía una relativa paridad en las fuerzas contendientes.

La victoria naval republicana en Juncal fue seguida rápidamente por la terrestre del 20 de febrero de 1827 en Ituzaingó y la del 28 de febrero de 1827 en la Batalla de Carmen de Patagones. .

• Batalla de Carmen de Patagones, del 7 de marzo de 1827. Siendo el fuerte de Carmen de Patagones el más austral del territorio argentino, su posesión constituía una potencial ventaja estratégica.

Detalle desembocadura del río Negro. "Carta esférica" de Antonio Toll de 1828 (completa).
Los sondeos son en brazas de 6 pies inglesa que equivale a 182,88 centímetros

Para contrarrestar la abrumadora superioridad naval brasileña, las Provincias Unidas del Río de la Plata acudieron al recurso de entregar patentes de corso, con el fin de hostilizar el comercio y transporte imperiales por vía marítima.

El fuerte de Carmen de Patagones se convirtió en un refugio seguro para los corsarios, donde podían desembarcar sus botines de guerra, reparar las naves, descansar y abastecerse de víveres. Durante el año 1826, más de treinta naves brasileñas habían sido asaltadas y llevadas a Carmen de Patagones.

Por este motivo el almirante brasileño Pinto Guedes esbozó un plan: atacar el fuerte y tomar la ciudad, con el fin de escarmentar a los corsarios y cesar sus ataques.

Con el fin de cumplir la toma del poblado, envió una división al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd. Esta fuerza estaba compuesta por: las corbetas Duqueza de Goyas y Itaparica, el bergantín Escudeiro, y la goleta Constanza. La fuerza estaba compuesta por un poco más de 600 hombres, de los cuales 250 no eran brasileños.

El comandante del fuerte Martín Lacarra contaba con un centenar de infantes, y consiguió reclutar unos 80 hombres a caballo, en su mayoría gauchos, más los corsarios y un piquete de artillería de uno de los buques en reparación, el Chacabuco.

Además se proveyó a los pobladores de Patagones, la mayoría mujeres, con palos, gorros y vestimentas de milicianos, que ocupó puestos visibles en el fuerte, aparentando que las fuerzas argentinas resistirían en ese lugar, sin salir a dar batalla. Esto coadyuvó de modo fundamental al efecto sorpresa utilizado por las tropas argentinas en la batalla.

La desembocadura del río Negro (el más caudaloso de la Patagonia), termina en un único brazo y es una de la más complejas en el continente americano. Extensos bancos de arena, zonas cenagosas, una amplitud de mareas de 6 metros, canales que se forman y cambian de lugar, correntadas en distintos sentidos, baja profundidad cuando el mar se retira y taponamientos.

Ingresar era muy complicado, sólo se podía acceder en dos condiciones: con la marea alta o pleamar y con viento a favor (se navegaba a vela). Lograr ambas condiciones a veces podía tardar días o semanas, según el tiempo. El río Negro allí es ancho pero poco profundo, y sólo se podía ingresar por un estrecho canal.

Con un práctico se cubrían los 30 kilómetros hasta Patagones en dos horas con buen viento, pero los brasileños estuvieron casi una semana para cubrir 15 kilómetros, con el riesgo de encallar, lo que finalmente le ocurrió a dos naves.

El 3 de marzo se perdió la Duqueza de Goyas (el mejor de los cuatro buques), que había quedado varada días antes debido a la naturaleza del río y el gran calado de la nave. Esto produjo 38 bajas entre los invasores. La pérdida de esta corbeta representó un serio golpe para los imperiales pues era la que transportaba la mayor cantidad de pertrechos de la expedición.

En el año 1922, durante tareas de dragado en la desembocadura del río, se localizaron parte de sus restos (pecio) y se recuperaron fusiles históricos que actualmente se exhiben en el Museo Naval de la Nación en Tigre.

Debido a las dificultades para navegar el río, el comandante brasileño decidió atacar Patagones por tierra. Desembarco alrededor de 350 hombres, que iniciaron la marcha en la noche del día 7, por terrenos arenosos y cubiertos de espesos matorrales espinosos. Además al no contar con un guía competente, se extraviaron, alejándose del río y las fuentes de agua.

Las fuerzas invasoras llegaron a las 6:30 al cerro de la Caballada (bautizado así por la carga de a caballo con que los argentinos), completamente extenuados y sin haber podido beber agua por 24 horas.

Pronto se vieron rodeados por las guerrillas que procedieron a cercar a los imperiales incendiando la vegetación, hecho que los obligó a retirarse hacia los navíos, sin advertir que los mismos ya se encontraban copados por los argentinos.

En efecto, la flotilla de naves corsarias al mando de Santiago Jorge Bynnon integrada por: La sumaca Bella Flor, el bergantín Oriental Argentino, los balleneros corsarios Hijo de Mayo e Hijo de Julio, y las goletas Emperatriz y Chiquita (recientemente capturadas a los brasileros), tripulados por 330 corsarios (180 americanos y británicos, 70 franceses y 70 latinoamericanos), tomaron primero al bergantín Escudeiro, luego a la goleta Constanza.

La corbeta Itaparica fue la última en ser capturada, porque tenía el mayor poder de fuego. Habiendo quedado encallada por la marea, cerca de las 10 de la noche de aquel día, pudieron tomarla. Su enorme bandera aún se exhibe, junto a otra bandera capturada en esa misma batalla, en la iglesia Nuestra Señora del Carmen, frente a la plaza 7 de marzo.

Como resultado de los combates, quedaron en poder de los argentinos 3 buques, 28 cañones y numerosas armas. En total, las fuerzas brasileras sufrieron 100 bajas y se tomaron 579 prisioneros, entre los cuales 200 británicos, que pasaron a engrosar las filas patriotas.

Los buques capturados fueron renombrados y pasaron a integrar la escuadra del almirante Brown. El Itaparica se denominó Ituzaingó, el Escudiero se convirtió en el Patagones y la Constanza pasó a llamarse Juncal.

La Itaparica (ahora Ituzaingó) luego se ser dada de baja en la armada, se la usó como buque mercante y finalmente quedó amarrada frente a Patagones, usada como balsa para unir la villa con las quintas de la margen sur (Viedma). Unas chapas de cobre que tenía, tentaron a los lugareños que las fueron sacando, lo que provocó el hundimiento en el río, sobre la margen sur. La estructura quedó visible hasta 1970 cuando se voló parte del maderamen.

La gesta del 7 de marzo de 1827 es recordada como una verdadera victoria popular y un acontecimiento fundante de la identidad de Carmen de Patagones, porque los protagonistas de los hechos fueron sus pobladores: soldados rasos, gauchos, antiguos esclavos negros liberados y las mujeres fueron quienes pusieron el cuerpo para la defensa del fuerte.

Hacia 1825, Carmen de Patagones, tenía unos 800 habitantes, que vivían en una estrecha lonja de unos 50 kilómetros a lo largo del río. Rodeada de poblaciones originarias, convivia con tehuelches, pampas o araucanos que llegan a comerciar o auxiliar enfermos.

En algunos periodos el fuerte de Carmen de Patagones se había transformado en destino alternativo para presidiarios, que cambiaban los muros de la cárcel por trabajo en el sur. También fue lugar de “castigo” para soldados y funcionarios.

A la población hispana y criolla se fueron agregando comerciantes, marineros de distintas nacionalidades. Las actividades de los corsarios aportan un número creciente de pobladores de origen africano de buques esclavistas capturados, que al llegar era liberados.

En el caso de los africanos, la actividad corsaria había hecho crecer su número en muy poco tiempo. Hacia 1928 se estimaba que la población negra llegó a ser un 40% del total de Patagones.

Como las leyes de la Asamblea del año 13 prohibían el tráfico de esclavos, al arribar comenzaban un proceso de liberación bajo ciertas condiciones: servir en algún establecimiento durante 6 años como empleado, con un módica paga, alimento y vestimenta, o también integrarse al ejército durante 4 años, en el caso de los varones de 12 a 40 años. Al momento de la invasión brasileña había un batallón de 104 libertos, que participó en la defensa del fuerte.

Bandera capturada exhibida en la iglesia Nuestra Señora del Carmen, frente a la plaza 7 de marzo. Se capturaron siete, quedan dos. Las otras se perdieron durante un incendio.
ver: a) Patagones contra el Imperio www.pagina12.com.ar - b) Maragatos www.pagina12.com.ar
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• Combate Naval de Monte Santiago, del 7 y 8 de abril de 1827.
Fue la mayor derrota naval de la Armada Argentina en su lucha con la escuadra del Imperio del Brasil.

La escuadra argentina sufrió un revés que costó setenta muertos, ochenta heridos y la pérdida de los bergantines “República” e “Independencia”. Luego de esta derrota, la escuadra republicana quedó reducida y el imperio del brasil pudo reforzar el bloqueo.

Combate de Monte Santiago, óleo sobre lienzo, Eduardo De Martino

Combate Naval de Monte Santiago. Óleo de Emilio Biggeri. Museo Naval de la Nación.

Combate naval de Monte Santiago. Acuarela de Rodolfo Sundblad. 1) Goleta Sarandí 2) Barca Congreso 3) Bergantín Independencia 4) Bergantín República.

Combate Naval de Monte Santiago. Gastón Roullet.

Detalle en la "Carta esférica del Río de la Plata de Oyarvide, corregida por practico del rio Benito Aizpurua, dibujada en Montevideo, y grabada en Filadelfia en 1826.
Los sondeos son en brazas de 6 pies inglesa que equivale a 182,88 centímetros.

Tras Juncal, Guillermo Brown regresó al escenario principal del conflicto: las aguas frente a Buenos Aires y la costa de la Ensenada de Barragán.

El puerto de Buenos Aires estaba bloqueado desde mediados de 1826 por una importante fuerza naval, la segunda división imperial, que contaba con una fragata con 38 cañones, cuatro corbetas, cinco bergantines y cuatro sumacas, estacionadas habitualmente a 8 millas al SurEste del canal exterior de acceso al puerto.

Si bien Brown había sabido aprovechar hábilmente y con audacia las particulares condiciones hidrográficas y la meteorológicas del Río de la Plata, especialmente sus extensos bancos, las fuerzas que enfrentaba contaban con un poder de fuego tal que cualquier error o imprevisto supondría un grave riesgo para la supervivencia de la pequeña escuadra.

En 1826, el gobierno argentino había encargado al inglés Robert Ramsay la adquisición y armamento de naves en inglaterra para reforzar la escuadra. En marzo de 1827 Ramsey había llegado a adquirir e iniciar las reparaciones y leva de tripulación de las fradatas Chapman y Asia, pero la falta de fondos y de definiciones del gobierno hicieron que nunca se incorporaran al conflicto.

La acción que mejores posibilidades de éxito tenía era profundizar la campaña de corso contra las rutas comerciales de las extensas costas brasileñas, motivo por el cual el 26 de marzo Brown recibió del ministro de Guerra y Marina instrucciones para saliera de inmediato contra las rutas marítimas de Brasil.

Las cuatro naves principales disponibles en el fondeadero de la ciudad de Buenos Aires eran: el Bergantín República Argentina, el Bergantín Independencia, la Barca Congreso y la goleta Sarandí.

Fuera porque contaban con información de inteligencia o por haber llegado a las mismas conclusiones, Brasil reforzo el cerco sobre Buenos Aires. El almirante Rodrigo Pinto Guedes a bordo de la fragata Piranga se había incorporado a la flota frente a la ciudad. Esto hacía un total de 18 naves de guerra con 229 piezas de artillería.

En la madrugada del 1 de abril el bergantín Balcarce, la goleta Unión y dos cañoneras consiguieron eludir el bloqueo para conducir dos compañías de Colorados, artillería y armamentos con destino al sitio de Montevideo.

Pese a la confirmación de que el enemigo conocía sus planes, Brown contaba con poder eludir el bloqueo, y que podría sumar los tres buques que se habían apresado a los brasileños en Carmen de Patagones: la corbeta Itaparica (rebautizada Ituzaingó), el bergantín Escudero (Patagones) y la goleta Constancia (Juncal). Tenía también ahora el plan de señales de la escuadra brasilera, capturada en Patagones.

Cuando Brown tuvo noticias de que el bergantín Balcarce, la goleta Unión y las dos cañoneras estaban regresando a Buenos Aires, resolvió acelerar su salida apenas el convoy arribara y el puerto quedara nuevamente guarnecido. El 6 de abril, a las 19:30, ya anochecido, la escuadra se dio a la vela, haciendo fondear, en el lugar, otras cuatro naves para que no se notara la partida.

Brown continuó sin novedad hasta las once y media de la noche, intentando pasar inadvertido, pero fue descubierto por el vigía de la corbeta Maceió, que con un cañonazo de alarma dio aviso. Brown intentó llevar su flota más cerca de la costa bordeando los bancos, pero el viento cambió y se hizo más fuerte, y derivó las naves sobre los bancos.

A las dos de la noche los imperiales abrieron fuego. La escuadra de Brown se encontraba prácticamente inmovilizada por la marea baja en las proximidades del banco de Monte Santiago, entre el arroyo de Confisco y el Palo Blanco.

La oscuridad, la urgencia, el cambio de viento y la fuerte corriente que los empujaba hacia la costa, llevo a que los bergantines República Argentina e Independencia vararan en la punta o saliente del banco Río Santiago, a 4 millas del Fuerte de Ensenada de Barragán, con menos de 18 pies de profundidad.

Esa varadura fue el origen del combate. Mientras la Congreso mantenía su posición a cubierto, la Sarandí, de menor calado, fondeaba valientemente en línea con los buques varados para sumar su fuego.

Durante la noche del 7 de abril las tripulaciones intentaron inútilmente hacer zafar a sus bergantines, pero sin tomar la decisión de lanzar los cañones para alijerar los navíos, decididos a luchar si era preciso. Brown, asumiendo la situación, resolvió salvar lo que fuera posible y a las 8 de la mañana ordenó a la Congreso que regresara a Buenos Aires y que informara a la Comandancia de Marina para que enviara en apoyo a las cañoneras que estuvieran disponibles.

Siguiendo estas órdenes, la Congreso al mando de Guillermo Mason se dirigió pegada a los bancos hacia Buenos Aires, pero los brasileros la obligaron a virar y dirigirse a Ensenada bajo fuego enemigo, consiguiendo llegar al abrigo de los cañones del fuerte.

Si bien era evidente para Norton la desesperada situación de los argentinos, la fuerza del viento y la turbulencia del mar entre los bajíos hacía arriesgado el uso de botes y cañoneras para atacar y enviar a las naves mayores las arriesgaba a quedar varadas, por lo que resolvió cañonear a distancia. El desigual combate enfrentaba 189 cañones imperiales con solo 45 de los republicanos.

Al anochecer las naves brasileñas anclaron a mayor distancia suspendiendo el fuego para economizar la munición. A las 9 de la mañana se reinició el combate. Mientras las naves mayores mantenían el fuego a distancia, las naves de menor porte fondearon en dos filas a proa y a popa de los bergantines republicanos y a las 11 comenzaron a cañonearlos a corta distancia.

A las 16, con la mitad de la dotación muerta o herida y sin municiones, Drummond recibió órdenes de abandonar al destruido Independencia, pero su tripulación exigió continuar la acción por lo que Drummond deja al mando al teniente Roberto Ford, y se dirigió en bote al República para pedir munición, como allí también escasea se dirige bajo fuego a la Sarandí. Apenas subió a cubierta una bala de cañón lo hirió de muerte.

Caído Drummond, el teniente Roberto Ford reunió una Junta de Oficiales que decidió rendir el Independencia por carecer de municiones y habiendo ya sufrido 40 bajas. El República envió dos botes, para intentar rescatar a los tripulantes e incendiar el buque rendido, pero los botes brasileros se adelantaron y luego de haber desembarcado a los heridos y prisioneros, le prendieron fuego al casco por ser ya inservible.

Al acercarse la noche, agotada la munición y ante la imposibilidad de salvar el República, ya destruido, Brown dio órdenes de abandonarlo y trasladar la tripulación a la Sarandí tras lo que se prendió fuego al buque.

Al anochecer los brasileños volvieron a alejarse fondeando a distancia de cañón, abriendo fuego regularmente sobre la Sarandí. A las 10 de la noche la Sarandí y las cañoneras sobrevivientes consiguieron burlar la escuadra enemiga, y a 3.30 de la madrugada llegaron a Los Pozos.

Las pérdidas republicanas reconocidas en el primer parte habían sido de 25 muertos y 51 heridos (12 muertos y 25 heridos y prisioneros en el Independencia), pero algunos autores las hacen ascender a 62 muertos y 91 heridos y prisioneros, al elevar los muertos del Independencia a 49 y a 65 los heridos y prisioneros de esa nave. El mismo Brown resultó herido ligeramente en la lucha, debiendo retirarse del servicio durante varios días.

Entre el 10 y 11 entraron en el puerto de Montevideo siete buques imperiales con fuertes daños. Los brasileños declararon 8 muertos y 22 heridos, y en posteriores comunicaciones reconocieron 40 bajas en total, pero se asume que las bajas fueron mayores. Exceptuando al Independencia ou Morte y al Rio da Prata, considerados irrecuperables, se iniciaron las reparaciones de los restantes.

Los imperiales desembarcaron en Montevideo 69 prisioneros.

Tras Monte Santiago ya no se podría combatir más en "línea de fila". La flota argentina quedó reducida a unas pocas goletas y cañoneras que solo alcanzaban para defender el puerto y dar apoyo de convoy a los transportes de refuerzos y abastecimientos al frente oriental. Así, la lucha en alta mar quedaría reducida por el resto de la contienda a los esfuerzos de los corsarios.

El embajador británico en Río de Janeiro, Sir Robert Gordon, escribiría a lord Ponsonby: "Los recursos de este Imperio parecen inmensos y creyendo como yo que Brown -grande como es- no puede con sus goletas aniquilar a la armada brasileña, simplemente tendrá Ud. al bloqueo restablecido con mayor vigor".

En 1828 la escuadra aún desarrolló algunas operaciones. Una de las más conocidas fue el Combate de Punta Lara del 22 de febrero de 1828, cuando Brown logró eludir el bloqueo para escoltar tropas destinadas al ejército republicano en la Banda Oriental. En el regreso fue interceptado por fuerzas navales imperiales y sostuvo un combate en los bajíos de Monte Santiago, utilizando nuevamente los bancos y canales de la Ensenada de Barragán para neutralizar parte de la ventaja enemiga.

De hecho, entre Monte Santiago y la paz hay un período poco estudiado y muy interesante: la reconstrucción parcial de la escuadra con los buques capturados en Carmen de Patagones, las salidas de Brown en 1828 y la forma en que siguió burlando el bloqueo pese a su inferioridad numérica.

Montevideo y Colonia aún estaban bajo el control de Brasil; y el bloqueo sobre Buenos Aires continuaba ejerciendo una fuerte presión económica. Esta situación conduciría finalmente a la firma de la Convención Preliminar de Paz, por la que la Provincia Oriental — se independizó como el Estado Oriental del Uruguay.

Y recordemos las siguientes acciones terrestes:

- Batalla de Sarandí (12 de octubre de 1825): Victoria de las fuerzas orientales lideradas por Juan Antonio Lavalleja contra el ejército brasileño.
- Batalla de Ituzaingó (20 de febrero de 1827): La mayor batalla terrestre del conflicto, donde las fuerzas argentinas y orientales derrotaron al ejército imperial brasileño.


Fuentes:
1) La Guerra contra el Imperio del Brasil (1825-1828) . www.argentina.gob.ar
2) Ensayo de historia naval argentina.pdf . Caillet-Bois, Teodoro. Academia Nacional de la Historia
3) Acciones navales de la república Argentina, 1813- 1828. por por Guillermo Brown
4) A 200 años del combate naval de Quilmes. dos buques contra toda una escuadra. www.infobae.com
5) "Campañas Navales de la República Argentina". Ángel Justiniano Carranza.